Ensayo sobre el ser humano y sus principios.
Cada vez me sorprende más la predisposición mental de negación por parte de los seres humanos para asumir pensamientos divergentes. No es un problema relacionado a una discapacidad cerebral, está ligado al encapsulamiento de su libertad, causado por todos los condicionamientos que ha llevado a través de su vida.
La libertad se acerca más a ser una utopía, algo pasajero, que un hecho relevante y trascendente. Si fuésemos libres de pensar y opinar, ya hubiésemos dado el primer paso hacia la verdadera “eternidad”. Los seres humano se han conformado por ver solo el traje, olvidando que lo importante, es que hay detrás de él.
Nos han engañado por cientos de años, separado de nuestra esencia intrínseca, potencial extraordinario y de la capacidad innata, producto de SER HUMANO.
Fuera de teorías conspiratorias, supuestas ansias de poder y mitos urbanos, están los hechos. Es claro ver que al disidir del Dios católico, ellos nos han de acusar de “satánicos”, ocultistas, “maricones” y hasta locos depravados ¿Dónde queda la libertad de pensamiento y opinión? Es lo mismo que ocurre en el terreno de la política: ¡Viva Chávez! – ¡Fuera Chávez! Unos contra otros, sin aceptar las diferencias – especie de fanatismo que ha debido de expedir por lo obsoleto que resulta - ideológicas que yacen en la colectividad ¿De qué democracia hablan, cuando es el pueblo quien no acepta diferencias. Cómo piensan alcanzar la paz, si tienen un vano concepto de ella. Basta con abrir tus ojos y prestar atención a la diversidad de sonidos que te rodean. No hay conflictos entre ellos, se aceptan y danzan al unísono.
De hecho, Dios existe - así lo creo - pero no tengo que estar sublime a una religión para acoplar su presencia a mi vida. No soy ateo.
¿Qué es Dios?, el que todo lo puede, omnipresente y salvador. Eso aseveraría un teólogo o filósofo, pues desde un punto de vista no pragmático, está asociado a una deidad superior. Pero, Dios eres tú, la música y el agua. Dios es la maravillosa vida de la cual eres testigo presencial. Dios no es un concepto, es una verdad absoluta. El universo, Jesús, la energía universal o Krishna – solo para mencionar algunos – son nombres distintos que hablan de lo mismo: una entidad (superior e inferior) de la cual eres parte.
Hace unos días “tomé consciencia” y fije mi atención en un chico caminando hacia la escuela, tomando un autobús. Al verle el rostro, simplemente “no vi nada”, salvo un grupo de huesos moviéndose con desgano. Me invadió una suma tristeza, mi sensibilidad salió a flote. Somos como piezas de ajedrez, dominadas por un poder político o religioso, que nos han desviado de nuestra esencia, de la experiencia de ser humano. “A ellos no les interesa personas que piensen, púes no serían manipulables”. Basta con leer sobre la vida de los toltecas, mayas, sufís y otros grupos sociales y religiosos que no se desviaron tan abruptamente de su esencia original, para comprender que es posible vivir en un estado de total felicidad y armonía, contigo mismo y el medio que te rodea. Pues, ¿eso es lo que buscas? La riqueza, conocimiento, reconocimiento, su objetivo es alcanzar felicidad.
En una sociedad consumista, donde el reproductor MP3 de moda es razón para pelearse con los padres. Donde la concepción del amor, se acerca más al sexo salvaje y el auto-respeto efervece lentamente con el pasar de los años (no sirvo para nada, no puedo hacerlo, soy tonto) ¿cómo esperar que lleguemos a “algún lugar”?
Las diferencias - lamentablemente - se resuelven con discusiones y a mayor escala con terroríficas guerras.
Cientos de millones siguen esperando la “gloriosa llegada” de su salvador Jesucristo. Mientras tanto, han de vivir sumergido en la miseria humana, marginalidad, en lo inmundo y sobre todo en el irrespeto hacia ellos mismos. Mi recomendación para ti es: embáucate en el camino del auto conocimiento, estudia, investiga y saca tus propias conclusiones. Las evidencias de una vida mejor y de las intenciones de las instituciones políticas y religiosas a gran escala son claras. No te conviertas en un peón más.
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