Este post lo escribí hace unas dos semanas, pero por “errores técnicos”, no se había subido. Ya son casi 700 lectores misteriosos- no sé de donde salieron- que frecuentan “mi lugar de descanso”.
“- Me trae un martiní, por favor - dije con despreocupación.
Estaba en un bar, lleno de gente del pueblo. Ansiosos de beber, emborracharse, y olvidarse de sus vidas. Yo no busca propiamente eso, más bien, esperaba llegar al estado de confabulación que logro cuando me encuentro en lugares como estos: ruidosos, abarrotados y diferentes.
- En seguida se lo traigo - respondió la encargada.
Mi mente se trasladaba a lugares inéditos. La música me transformaba y hacía soñar más allá de mis sueños, viajar a lugares desconocidos, pero placenteros. Mientras esperaba, pensaba como sería todo si tuviese -literalmente- de todo. Necesidades cubiertas, lujos, dinero y estabilidad. Tener una extensión de la felicidad a mi alcance…
- Aquí tiene - dijo la mesonera.
- Gracias - respondí con tono parco. Gracias por haberme hecho regresar a lo inmundo, a mi vida. Gracias por haberme echo despertar y concienciarte que donde estoy, no se parece a nada en lo que había pensado para mí. Gracias.
La idea de llegar a la cima de la vida, es excitante. Es lo que buscamos todos, pero a fin de cuenta -usando un refrán de gente pesimista:- “de sueños no se come”, es verdad. Solo alimentan el alma.
Obrarlos es tarea de grandes y contados. Espero ser uno de esos.”