Desde el patio de mi casa

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"El mundo está en tu interior | Tu consciencia no para de expandirse
con cada aprendisaje"

Ayer publiqué la primera parte de “No sé qué decir”, un brevísimo ensayo muy natural que hurga minuciosamente en el convencional “hola, ¿cómo estás? – ¿bien y tú?”.

Hoy en la mañana recibí un par de comentarios de Fran, un español que tiene un blog llamado “Tez de Limón”, en relación a mi última publicación.

Me pareció muy interesante su bitácora virtual. Muy aunténtica.

Por eso me permitiré -con el permiso de Fran- reproducir en este espacio un ensayo creado por él mismo. Se llama: “La vida, la muerte” ¡Vaya mi reconocimiento hombre!:

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¿Quiénes somos?

La tierra, gran lugar repleto de vida. Aquí y allá, delante y detrás, dentro y afuera. La vida aflora por cualquier lugar, por el lugar más insospechado.  Sabemos quiénes somos, somos seres humanos. A grandes rasgos podemos ser muy parecidos a una bacteria  y muy diferentes a una roca. La diferencia en este caso se encuentra en la vida. Es fácil contestar a esta pregunta, pues todos sabemos que somos seres humanos, sabemos que somos el ser más inteligente que pisa la tierra.

¿Qué es la vida?

La vida es materia aunque la materia es la muerte también. A niveles celulares la vida es un conjunto de reacciones químicas todas muy bien organizadas que en conjunto constituyen una acción (como puede ser la respiración celular). Por lo tanto podemos dividir a la materia en materia que sigue una serie de pautas y es capaz de elaborar respuestas con esas pautas y en una materia que no es capaz de seguir una pautas químicas, sino que éstas son desordenadas y por lo tanto la podemos denominar materia inerte o muerte. A su vez estas células actúan en conjunto y este conjunto en otro conjunto. Así hasta constituir los tan complejos procesos de la vida en los humanos y demás.

¿Pero entonces, qué es la vida?

Gran pregunta, difícil respuesta. Algunos dirían que la vida consiste en nacer, crecer, reproducirse y morir. Como diría Borges todo lo demás es literatura. Para otros la vida es un angosto camino, el cual inexorablemente conduce siempre al mismo lugar. Para algunos la vida consiste en dar y tomar, las experiencias de esto son grandes y variadas. Para distintos la vida se encuentra en una canción, en una poesía, en un buen café… Lo que ocurres es que es muy difícil plantearse esto en seres tan complejos como son los humanos.

Los poríferos son animales marinos que viven pegados al sustrato (Esponjas de mar, por ejemplo). Éstos están repletos de poros por los que pasa el agua y entra a una cavidad hueca en el interior. Esta capa está revestida por unas células que atrapan los alimentos del agua y los digieren. Su vida es tan simple como eso. Los poríferos no leen novelas, no escuchan a Charles Trenet ni disfrutan de contemplar un buen  René Magritte. La misión de los poríferos es sola y únicamente nutrirse y vivir. Pero, ¿Por qué? ¡Maldita sea! ¿Para qué? En esto no hay nada de especial, ¿Cuál es su misión, que esperan obtener? Nada, sigo sin encontrar nada especial.

La vida es un proceso más o menos complejo que no traerá ningún resultado diferente a la muerte. La vida no es más que pura química de una forma maravillosamente bien ordenada.

Es frustrante leer esto y ver la certeza a la que nos enfrentamos.

¿Por qué, para qué?

Es imposible observar algo tan perfecto y a la vez tan imperfecto, efímero y no pararse a pensar en qué consiste todo esto. ¿Serías capaz de diseñar un aparato sin saber cuál es su función? ¿Por qué vivimos, pues? Esa es una pregunta aún más difícil. Lo más sencillo es pensar en el caso de arriba. ¿Por qué vive ese porífero si su vida no tiene sentido? Y es cierto, su vida no tiene sentido…no son más que reacciones y reacciones químicas sin sentido alguno.

¿Solo eso? ¿De veras? Sí, así es. La vida solo es a según leemos arriba un proceso, solo eso.

La muerte

La muerte es el final, es el final de un camino llamado vida, es el final de un toma y daca. La muerte también puede no haber tenido antes una vida. ¿Acaso la roca de antes ha tenido una vida? Lo dudo mucho. La muerte, aunque parezca difícil de asumir está a la vuelta de cada esquina, detrás de cada pared, escondida en cualquier sombra. La vida es un elemento tan perfecto como frágil y un sistema tan complejo y elaborado como el humano falla  y muere tal cual golpeamos la mesa con la mano y mueren cientos de bacterias. La vida humana no vale más que la vida de esa bacteria, la vida humana no deja de ser la vida y la vida (como ya sabemos) es un proceso que acaba en cualquier momento, al igual que el proceso de nutrición relación y reproducción que debía desempeñar tal bacteria.

Reflexiones finales

Para algunas personas cabrá pensar que algo tan complejo y místico como la vida no ha podido suceder por casualidad y un ser divino la ha originado, para otros la vida ha surgido por una serie de procesos y condiciones que se han dado. En conclusión, lo más importante es tener claro que la vida humana acaba y empieza y acaba en cualquier momento. Hay que saber que miles y millones de bacterias mueren cada hora, la vida va y viene. La vida es imparable y nosotros, pobres desafortunados sabemos eso. Lo único que podemos hace es tener miedo, mucho miedo y aprovechar cuanto podamos para realizar nuestros procesos privilegiados.

Francisco Cánovas García

Mi comentario al respecto

La vida no está confinada a un limitado cuerpo físico. Ese es el punto en común de todas la religiones y corrientes filosóficas. Incluso la ciencia a través de la física cuántica ha empezado apuntar a ello.

Osho -maestro iluminado indio- decía que la vida no es más que “un juego de energía”. La vida es eso, un juego. Mientras más coco le demos a esta pregunta trascendental, más ventanas parecen abrirse. Claro, no hay que obsesionarse o si no terminaremos siendo un filósofo cuadrado ;P.

“La vida es vivir bien”, de eso no hay duda. Es descubrir tus talentos, desarrollarlos y tener al tiempo como aliado, no como un enemigo. El propósito mismo de este gran misterio trasciende el poder de raciocinio humano…

…La vida por otra parte también es servir a la humanidad. Muy importante es el dar, como también el acto de recibir. Ambos aspectos son dos caras de una misma moneda.

La vida es enseñanza y gozo.

Todo lo que nace muere, y en eso consiste la transformación y el cambio. Lo que es invariable en el binomio tiempo-espacio es la consciencia misma que se expande durante cada travesía que realiza. A cada segundo perecemos,  a cada segundo dejamos de ser. Muchas células mueren con el tic-tac del reloj. Capicúa, 1:51; miles de árboles desaparecen cada año por la inescrupulosa mano del hombre. La muerte es un proceso adquirido desde el momento de nuestro nacimiento, es un pacto irrevocable.

Einstein decía -parafraseo-: “Me gustaría conocer la mente de Dios, lo demás son sólo detalles”. Y Dios -aunque la palabra en sí parece pesada, por el desgaste que lamentablemente le ha dado la humanidad en su historia- no es algo aparte de ti. Hay una semilla de la eternidad en tu interior que germina con cada brinco de consciencia. Eso lo sientes cada vez que experimentas una sublime emoción de gozo. Dios no es un concepto, es una experiencia.

En conclusión creo que la vida es el misterio más grande del mundo y que jamás será develado. Ese es el juego.

Ensayo sobre el ser humano y sus principios.

Cada vez me sorprende más la predisposición mental de negación por parte de los seres humanos para asumir pensamientos divergentes. No es un problema relacionado a una discapacidad cerebral, está ligado al encapsulamiento de la libertad, causado por todos los condicionamientos que se reciben a lo largo de la vida.

La libertad se acerca más a ser una utopía, algo pasajero, que un hecho verosímil, tangible y trascendente. Si fuésemos libres de pensar y opinar, ya hubiésemos dado el primer paso hacia la verdadera “eternidad”. Los seres humano se han conformado por ver solo el traje, olvidando que lo importante, es lo que hay detrás de él.

Nos han engañado por cientos de años, separado de nuestra esencia intrínseca, potencial extraordinario y de la capacidad innata, producto de SER HUMANO.

Fuera de teorías conspiratorias, supuestas ansias de poder y mitos urbanos, están los hechos. Es claro ver que al disidir del Dios católico, ellos nos han de acusar de “satánicos”, ocultistas, “maricones” y hasta locos depravados ¿Dónde queda la libertad de pensamiento y opinión? Es lo mismo que ocurre en el terreno de la política: ¡Viva Chávez! – ¡Fuera Chávez! Unos contra otros, sin aceptar las diferencias – especie de fanatismo que ha debido de expedir por lo obsoleto que resulta – ideológicas que yacen en la colectividad ¿De qué democracia hablan, cuando es el propio pueblo quien no acepta diferencias? ¿Cómo piensan alcanzar la paz, si tienen un vano concepto de ella? Basta con abrir tus ojos y prestar atención a la diversidad de sonidos que te rodean. No hay conflictos entre ellos, se aceptan y danzan al unísono.

De hecho, Dios existe – así lo creo – pero no tengo que estar sublime a una religión para acoplar su presencia a mi vida. No soy ateo.

¿Qué es Dios?, el que todo lo puede, omnipresente y salvador. Eso aseveraría un teólogo o filósofo, pues desde un punto de vista no pragmático, está asociado a una deidad superior. Pero, Dios eres tú, la música y el agua. Dios es la maravillosa vida de la cual eres testigo presencial. Dios no es un concepto, es la única verdad absoluta, realidad última. El universo, Jesús, la energía universal o Krishna – solo para mencionar algunos – son nombres distintos que hablan de lo mismo: una entidad (superior e inferior) de la cual eres parte.

Hace unos días “tomé consciencia” y fije mi atención en un chico  que iba caminando hacia la escuela, y se aproximaba a tomar un autobús. Al verle el rostro, simplemente “no vi nada”, salvo un grupo de huesos moviéndose con desgano. Me invadió una suma tristeza, mi sensibilidad salió a flote. Somos como piezas de ajedrez, dominadas por un poder político o religioso, que nos han desviado de nuestra esencia, de la experiencia de ser humano. A ellos no les interesa personas que piensen, púes no serían manipulables. Basta con leer sobre la vida de los toltecas, mayas, sufís y otros grupos sociales y religiosos que no se desviaron tan abruptamente de su esencia original, para comprender que es posible vivir en un estado de total felicidad y armonía, contigo mismo y el medio que te rodea. Pues, ¿eso es lo que buscas? La riqueza, conocimiento, reconocimiento, su objetivo es el mismo, alcanzar la felicidad.

En una sociedad consumista, donde el reproductor MP3 de moda es razón para pelearse con los padres. Donde la concepción del amor, se acerca más al sexo salvaje y el auto-respeto efervece lentamente con el pasar de los años (no sirvo para nada, no puedo hacerlo, soy tonto) ¿cómo esperar que lleguemos a “algún lugar”?

Las diferencias – lamentablemente – se resuelven con discusiones y a mayor escala con terroríficas guerras.

Cientos de millones siguen esperando la “gloriosa llegada” de su salvador Jesucristo. Mientras tanto, han de vivir sumergido en la miseria humana, marginalidad, en lo inmundo y sobre todo en el irrespeto hacia ellos mismos. Mi recomendación para ti es: embáucate en el camino del auto conocimiento, estudia, investiga y saca tus propias conclusiones. Las evidencias de una vida mejor y de las intenciones de las instituciones políticas y religiosas a gran escala son claras. No te conviertas en un peón más.

Este ensayo fue publicado originalmente el 5 de febrero de 2008.

Los Insensibles piden manzanas

Hace un tiempo publiqué una parte de este ensayo. Luego de meditarlo, lo quite “del aire”. Esa primera entrega resultaba incompleta y dejaba un abismo entre la próxima parte. Ahora sí, la obra está completa. Sin ínfulas de vanagloria, creo que está bien. ¡Buen provecho! a degustarla…

Ver en formato .pdf.

Un punto de partida -justo para una maraña de ideas-.

Siempre me pregunto hasta cuándo será el día en que la estupidez de las luchas sociales llegue a su fin. Conforme se acrecienta mi interés por esta respuesta, crecen los dilemas acerca la “recién” doctrina instaurada en el país: El Socialismo del Siglo XXI; no me consideró alineado con ningún sector -incluso en el beisbol, no tengo equipo favorito. Digo ser de Los Caribes, para tener una excusa de escape durante los días de juego-. Mi sistema de creencia teo-político se ha ido conformando muy paulatinamente, luego de unos cuantos “programes” y “desprogrames“. Pues, se llega al extremo de condicionar respuestas y tener argumentos pre-fabricados. Si tocas determinada pieza, se activa una reacción predispuesta. Esto nos hace vivir ensimismados en frágiles verdades cerradas, pero no siempre definitivas. La búsqueda de una respuesta final está más allá de un fanatismo rígido y estricto.

“Los insensibles piden manzanas”, conforma mi primer ensayo publicado, con el que busco transmitir mi visión en relación a la actual situación social del país.

Admito que quizá estoy influenciado por una experiencia que viví hace poco. Pero eso no hará tergiversar mi pluma. Trataré de ser objetivo. Trataré no, seré -decir trataré implica una mentira o intento a medias-.

Los “exprimidos” de las sociedades siempre tienen algo en común: se sienten apartados y rechazados. Inexorablemente, no es una casualidad que esto sea una experiencia colectiva, hay algo más allá. Cuando los utópicos promulgaron teorías socio-políticas, tenían presente la igualdad de condiciones. Llevando como timón un adagio bíblico y religioso que reza en esencia: todos somos iguales. Aplaudo esa apresura visión, tomando en cuenta que Tomás Moro (padre de la utopía) vivió en los años mil seiscientos, cuando la humanidad se encontraba en un escalón vibratorio muy inferior al actual.

Seré directo, el espíritu izquierdista es de origen humano y social. Lo que hoy en día es el “Socialismo de Chávez” resulta en sus entrañas una manifestación reencarnada de las ancestrales intenciones de igualdad social dentro de un pueblo. En contra parte, no desestimo la posible sostenibilidad de una revolución en el sistema capitalista, que perfectamente calaría dentro del mundo de hoy, que por su aparente carácter de desigualdad, parece siniestro; pero es la única manera de crear un mundo sostenido, con equidad. Sí, equidad. No estoy contradiciéndome. Es equidad de derechos y deberes pero no de recompensas.

Un vago de 50 años de edad que no ha superado aún la niñez, sano y en todas sus condiciones, que no trabaja y lo mantienen entre todo su  alcahuete grupo familiar, no podría esperar sentando en su lecho, un sobre con miles de bolívares “fuertes”.  En cambio, un hipotético hermano, quién “se partió el lomo” llevando 4 horas diarias de sol para estudiar y trabajar. Sabiamente supo sopesar sus responsabilidades. Creo que merece más que aquel flojo que no ha aportado sino desechos fecales a la humanidad. Todo está en la virtud, esa fuerza interior que en ocasiones brama y se manifiesta. En otras, apenas se oye entre un ruido estruendoso: ¡hazlo!

Así van las cosas, las luchas sociales siempre han existido. Unos contra otros. Pobres contra ricos. Trabajadores contra empleadores. Olvidados sociales contra gobiernos “maniquí”.

Han pasado unos cuantos años desde que surgieron las primeras escuelas del socialismo y aún espero con ansias el día en que muestre sus beneficios. En Cuba fracasa y está mutando. En Rusia murió hace más de tres lustros. En China, se aprecia una inminente transición al capitalismo y en el resto del mundo donde quedan secuelas tercas de esta extraña doctrina social, han ido abandonando sus prácticas de supuesta igualdad. Concluyo, que: si trabajas, mereces manzanas.

Unos ya han llenado su cesta de manzanas y se mantienen en una estúpida carrera por conseguir más. Pura obsesión inconsciente. A veces hasta oprimen y pasan por alto a sus semejantes. Mientras el grueso de la población, aquellos que “orgullosamente” son parte de los reportes de las Naciones Unidas y no han encontrado una llave de entrada al equilibro económico, parecen ser el blanco de gobiernos oportunista que prometen una ensalada de frutas para todos. Puro populismo que busca aceptación de un pueblo desorientado y que necesita ayuda urgente.

El socialismo enfoca su atención a esas almas. Castiga a los imperios y promulga una “igualdad”. ¡Eso no es posible! En estos tiempos tan extraños y cambiantes solo ha de considerarse igualdad de oportunidades, derechos, condiciones, deberes, pero no de recompensas.

El camino a mi refugio está bloqueado

Más de 2 meses tienen un grupo de trabajadores de la CVP reclamando sus derechos. Bloquean una de las avenidas principales de mi ciudad, en protesta. No está mal, pensaba hasta que me pasó lo siguiente.

Era poco más de medio día y un sol implacable se reflejaba en el vidrio parabrisas de mi carro. Estaba algo apurado e iba camino a casa, todo marchaba bien, hasta que me gané la lotería: La avenida, trancada de nuevo. Causa: protesta de los trabajadores de la CVP. Y tan solo faltaba un kilómetro para llegar a mi morada…

…Aparqué el auto como pude y me aproveché de mi carnet de prensa para averiguar con más detalles lo que pasaba. Me dijeron que tenían unos cuantos meses luchando por la paga de ciertos beneficios laborables y peleaban por una infructuosa contratación colectiva, que hasta ahora no habían podido lograr. Me pareció bastante humano luchar por lo que uno quiere y en cierto modo sentí empatía por ese grupo de trabajadores que -aproximadamente-, duplicaban una centena.

La cola de vehículos era enorme, parecía tan interminable como el horizonte de la mar. Estaba atónito por lo improvisado que eran las barricadas que habían colocado para obstruir el paso.

Las víctimas más cercanas del colapso, andaban en su mayoría en carros nuevos. Eso parecía molestar a los que clamaban por “sus derechos“. Espetaban palabras de desprecio hacia ellos, mientras un grupo de personas trataban de mediar y negociar la apertura de un canal de la carretera, para aliviar el enorme e incontrolable tránsito que acrecía con el tic-tic del reloj.

Capicúa, una y uno. Me acerqué y siendo muy sagaz, dije necesitar urgentemente que habilitaran un canal, pues “cargaba una persona enferma en mi carro e iba camino al hospital”. Antes de eso, les hice llegar mis condolencias por la penosa situación por la que pasaban y dije estar de acuerdo con lo que reclamaban, pero a su vez resalté que me parecía justo la habilitación de tan sólo un canal de la vía. Un acto de ganar-ganar, diría Sean Covey.

Mis sentidos esfervecieron, cuándo escuché la intolerable respuesta de uno de los manifestantes, quien parecía ser uno de los líderes del revuelto.

-          Bueno, si cargas a alguien enfermo, vas a tener que dar la vuelta compadre. Esta vaina está cerrada.

Tan rápido como un ratón hambriento en búsqueda de queso, encontró refugio y aprobación de su sentencia en sus camaradas, quienes sin saber a ciencia cierta de qué es lo que hablaba, empezaron una liturgia de reclamos e insultos. En fin, palabras huecas.

Si hubiese habido realmente algún enfermo aguardando en mi auto, posiblemente ya estuviese dando un largo paseo por el más allá; en ese momento descubrí que la intolerancia del hombre parece no tener límites.

En ocasiones caminamos dormido por las calles y somos víctimas del sueño universal, de la palanca de piloto automático que controla nuestros pasos. Ese día sentí tanta indignación, que cuando llegué a mi refugio, tan rápido como un ratón en la búsqueda de queso, me senté a escribir este relato, dejando a un lado mis demás obligaciones.

¿Injusticia compartida?

Una vez cuándo estaba en el colegio, llevé unos zapatos deportivos negros en un día habitual de clases. Lo normal -según las reglas de la institución-, es que tus pies sean recubiertos por zapatos negros, pero de vestir. Ese día recuerdo que rompí las reglas. Pasé el umbral que separa lo permitido de lo negado, la disidente de lo aceptado.

-          Eso no son los zapatos adecuados para asistir al colegio -dijo la coordinadora.

-          Son negros, ¿cuál es el problema? – respondí con sencillez.

-          ¡Que no son de vestir! Si mañana vienes así de nuevo, no entrarás.

-          Un momento, y porqué no empieza por Miguel, que todos los días trae zapatos deportivos y ni siquiera son negros. O por los de los muchachos de quinto año, qué vienen vestidos como les da la gana.

-          Ellos son ellos y tú eres tú. Nosotros tenemos una gran confianza en ti. Fueron sus últimas palabras, las de escape, antes de escabullirse por el pasillo.

Tenía que llevar nuevamente los feos y rotos zapatos de vestir al colegio. Esa era mi pena, en aquel momento -vaya, ¡qué tontería!-.

El hecho de gastar palabras en este relato personal, es para ilustrar el hecho que cuándo nos sentimos oprimidos o condenados, buscamos que los demás también lo hagan.

Como los obreros buscaban que los demás también sufrieran a costa de sus pesares, yo también fui protagonista de un acto que emula esa respuesta. Nadie parece estar exento de esa conducta malsana: buscar condenar a los demás, si tú ya lo estás.

Así no se podrá construir jamás una patria “Grande y Bonita“. La conciencia dice mucho en esto y solo una auténtica respuesta nos hará salir del egoísmo.

La igualdad tiene sus límites…

Es hermoso y agradable para los oídos escuchar que todos somos iguales. En efecto lo somos, independientemente de nuestras condiciones. Contamos con almas individuales que con maestría están conectadas con un alma única. Desde ese punto de vista existencialista y espiritual, es innegable la unicidad de la vida en todas sus expresiones.

Si cambiamos el enfoque y agregamos una connotación racional y humana, no es así; Las personalidades son tan variadas. Existen personas egoístas y ególatras, mientras otras altruistas y amorosas le hacen contra-parte. Lo cierto e indiscutible es que todos ansiamos ser exitosos. Citando al Doctor Deepak Chopra: “Es obvio que el éxito es un deseo universal. No conozco a nadie que no desee ser exitoso… El éxito podría ser definido como la realización progresiva de nuestras metas… Muchos psicólogos e investigadores han dicho que la mente es un organismo en perpetua búsqueda de metas… El éxito es también la realización de nuestros deseos… Finalmente creo que el éxito es la completa expansión del estado de felicidad” En ese orden de ideas, ¡nuestros cinco sentidos están regidos por la incesante travesía hacia el éxito!, desde tener una salud estable, hasta encontrar una estabilidad financiera, todo guarda relación directa con las metas y el triunfo.

Hay quienes no hacen nada al respecto. Simplemente esperan a que algo milagroso suceda. Y no está mal, no somos iguales en cuánto a esperanzas, deseos y recompensas. He allí lo maravilloso de la diversidad. Otros en cambio, definen sus metas, se embarcan en ellas, las consiguen y se realizan a nivel personal. Existe una variación de la última clasificación, que son aquellos cuyas conciencias son manejadas por una desmesurada ambición. Generalmente consiguen altos podios gubernamentales, empresariales o nada más en el ámbito financiero. Son los llamados magnates. Los que todo lo tienen y nada les falta -es así, a simple vista-.

Muchos gobiernos oportunistas, corruptos -y recientemente- populistas, se han exhibido por Miraflores. El actual, parece tener una mira microscópica -de otro mundo- para captar ciudadanos con metas incompletas y débiles esperanzas. Al aprovecharse de las flaquezas, fácilmente se puede: usar, lavar el cerebro y en última instancia alienar a una persona, a tal punto de modificar sus deseos y esperanzas.

Palpable es el hecho de las llamadas misiones educativas. A simple vista cualquiera con una mente abierta (apartando a fanáticos, como los mal llamados piti-yanquis, escuálidos, chavistas, rojo-rojitos, entre otras especies), aplaudiría la iniciativa de brindar alfabetización a un gran número de personas y librarlos levemente del peor enemigo del planeta, la ignorancia. Pero, llevando la espada de la observación a fondo, nos damos cuenta que tanto aparataje no es más que una manera de captar “clientes“. Se aprovechan de los deseos primarios de una población olvidada y vejada: saber leer y escribir, para adoctrinarlos en un sistema disfrazado, que es pariente cercano del terco socialismo, con claras tendencias totalitarias.

Todos somos hermanos, no por la patria que tenemos en común, sino por el hecho de ser. Respetemos nuestras diferencias y empecemos a construir un verdadero y eficaz mundo en paz. Ya basta de discriminaciones. El cambio comienza y concluye en tu interior…

…mientras la tolerancia no.

La sentencia anterior no condena en absoluto el lado objetivo del ser humano, sólo castiga la indiferencia ante la variedad de visiones.

Juan estaba caminando por la plaza Bolívar, cuando de pronto se encontró con Raúl -un compañero de clases al que conocía de hace más de 10 años-. Luego de saludarse y hablar de trivialidades, cayó en tema la política. Raúl acompañaba de frente el movimiento opositor, mientras Juan no se consideraba alineado con ningún sector en particular. Era un trabajador del arte y siempre trataba de pasar por alto la política. Raúl decía que estaba harto de los chavistas, que todos debían estar muertos -que descabellado, pero eso es lo que decía- y por último, que no servían para nada. Juan aprovecho la situación para preguntarle lo siguiente- luego de escuchar cuidadosamente cada una de las palabras catárticas y rabiosas de su amigo-:

-          ¿Tú quieres democracia para el país? -la respuesta en ese caso siempre es afirmativa.

-          Pues claro que quiero democracia para el país, es por lo que estamos luchando. Pero para ello hay que acabar con los chavistas. Son unos brutos e intransigentes, están acabando con los que nos queda de país -solo faltaba que expulsará baba blanca por su boca, para evidenciar el cúmulo de rabia que sentía.

-          Es raro. Si tuvieses puestos mis oídos, estarías extrañado de las palabras que acabas de espetar. Haz dicho que estás de acuerdo con la democracia, pero debemos “acabar con los chavistas”. ¿Entonces? Es una gran contradicción. Escucha, todos deseamos un régimen que apruebe la libertad, condene el crimen. Nos brinde seguridad en todos los aspectos y sobre todo, neutralice la corrupción. Algo así como el país de las maravillas, a diferencias que si es posible construirlo. Pero tú respuesta me ha dejado inmensamente sorprendido, casi atónito pana. Uno de los valores insigne de la democracia, es la tolerancia. Y ésta no es más que poner en marcha la capacidad de escuchar, analizar, respetar y responder adecuadamente. En nuestro país y el mundo en general, ocurre que prácticamente nadie escucha, cada cual con sus ideas y no dejan cabida a nuevos senderos, nuevas opiniones -aunque sólo sutilmente sedujan las convicciones primarias-.No podemos darle la rienda de la decisiones a nuestro parte de conciencia que fue alienada o adoctrinada. Démosle paso a la verdad. Y la verdad no es unidireccional, sino que recorre todos los sectores. Espacio por espacio.

Una fría brisa roso las mejillas de Raúl; pasaron meses y más nunca se volvieron a ver los amigos que fueron. Su amistad se quebranto a causa de las aleccionadoras palabras de Juan. Quizá Raúl no estaba listo para abrirse a un mundo amplio.

Eso ha pasado en miles de hogares y amistades venezolanas. Se han roto por la intolerancia. Ralph Waldo Emerson decía que “un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta” ¡vaya pena la que nos hace vivir las ideologías!

Una vez leí que en la guerra civil de Estados Unidos (Guerra de Sucesión), donde se enfrentaron las fuerzas de los estados del Sur contra los del Norte, hubo casos en los que padres mataron a sus hijos y viceversa, por estar en bandos contrarios ¡fue una gran masacre! Casi un millón de soldados murieron durante el desarrollo del conflicto.

No podemos permitir que esos tiempos vuelvan. La decisión final está en nosotros, nada más. O cedemos nuestra voluntad a una élite o figura, o le damos la decisión a nuestra consciencia más profunda.


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